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Llamar o enviar un mensaje a alguien mientras conduce puede provocar un accidente mortal, especialmente entre la población más acostumbrada a consultar sus móviles: los jóvenes
“No nos paramos a reflexionar porque vivimos con el piloto automático puesto, pero un gesto inocuo como enviar un mensaje al móvil de alguien mientras conduce puede tener consecuencias trágicas”. Así de taxativo se ha mostrado Pere Navarro, máximo responsable en funciones de la Dirección General de Tráfico (DGT), durante la presentación de la nueva campaña de prevención sobre el uso del móvil al volante, realizada en colaboración con Orange.
 
De hecho, el conductor no es el único culpable de que las distracciones en carretera provoquen el 25% de los accidentes y 500 muertos (el 31% del total anual), por delante de la velocidad y el alcohol, según Navarro. También los padres, amigos, familiares y compañeros que envían un correo, un WhatsApp, una fotografía o un vídeo a alguien que en ese momento está al volante pueden ser corresponsables, sin quererlo, de una tragedia evitable. Según admite el psicólogo especializado en seguridad vial Vicente Prieto, “no se quiere más a un hijo o a tu pareja por mandarle unas fotos o un mensaje, aun a sabiendas de que está conduciendo. Tenemos que ser respetuosos con los demás porque el todo vale no funciona bien en el ámbito de la conducción”.
 
Aprender a ser paciente
Solo el año pasado, la DGT denunció a 104.000 conductores por usar el móvil al volante. Pese a que hacerlo está prohibido desde enero de 2002, siete de cada diez admiten haberlo utilizado. La cifra se dispara aún más en el caso de los jóvenes (ocho de cada diez). En este punto, el papel de los padres es fundamental. Sobre todo si se tiene en cuenta que cuatro de cada 10 utiliza el móvil mientras conduce con los hijos. Si estos ven cómo sus progenitores hablan por teléfono cuando van al volante, adoptarán ese comportamiento y lo repetirán en el futuro. “Cuando mandas un mensaje a tu hijo para ver si ha llegado a su punto de destino, por muy buena intención que tengas, le estás haciendo un mal”, prosigue Prieto.
 
Este experto especializado en tráfico sostiene que parte de la solución a este drama pasa por una educación transversal y por concienciar de que en la conducción debe primar siempre la prudencia y el sentido común. Y cuando se habla de conducción se habla también de motos, bicis, patinetes y otros modos de transporte. “Las cosas no son tan urgentes como pensamos. Si sabes los horarios de tu compañero, de tu hijo, de tu amigo, de tu pareja o de tus padres, aprovecha esa información y no le envíes mensajes al móvil. La urgencia siempre es un aspecto subjetivo”, incide. En su opinión, la clave pasa por ser paciente y adaptarse a los tiempos de quien está en el coche, en la moto o en la bici.
 
Lo que sucede es que en ocasiones, la falta de confianza lleva a los progenitores a estar continuamente pendientes de sus hijos a través del móvil. Necesitan saber en todo momento de sus actos, qué hacen y con quién se relacionan. “Es algo perverso y puede generar un efecto contrario: la no comunicación”, afirma la psicóloga Lidia Alonso, especializada en la resolución de crisis familiares. Alonso considera imprescindible informar y formar a la familia en el control y manejo del móvil, y priorizar el foco de atención en salvaguardar la vida y la integridad física y psicológica de quienes hacen un uso inadecuado de las nuevas tecnologías. “No damos importancia a la cantidad de tiempo del que nos privan y de todo aquello que dejamos de atender. Y tampoco a los efectos adversos que tienen para nuestra salud emocional y mental”, explica. Porque esta conexión digital permanente entre padres e hijos crea un estado de estrés y dependencia que genera ansiedad y pérdida de autocontrol emocional.
Para esta experta, la solución para concienciar y sensibilizar sobre los peligros que conlleva el envío de mensajes a un conductor pasa por establecer estrategias de autocontrol que permitan aminorar la ansiedad anticipatoria y la inmediatez en la comunicación. “Debemos generar tolerancia a la frustración si vemos que no contestan las llamadas o si hay demora a la hora de responder los mensajes. Y hacer siempre un uso razonable de los móviles”, insiste.
 
La importancia de la educación vial
Esta cuestión juega un papel fundamental desde la infancia en colegios e institutos: “Es la mejor solución, aunque en demasiadas ocasiones los poderes públicos no creen en ello”, lamenta el director del Instituto Universitario de Investigación de Tránsito y Seguridad Vial (Intras), Francisco Alonso. Este investigador de la Universitat de València advierte de que son los propios amigos y familiares quienes incitan y provocan al conductor mediante un comportamiento de riesgo. “Lo cual no deja de ser una paradoja, porque si tanto quieres a alguien, lo primero que deberías hacer es pensar en su vida. Raya el absurdo la insistencia de algunos reiterando mensajes cuando no obtienen una respuesta inmediata”, denuncia.
 
Francisco Alonso ve imprescindible aprender a separarse del móvil, a no estar permanentemente atentos al teléfono y preparados para responder en todo momento, como si con ello nos fuera la vida. El hecho de enviar un mensaje a alguien que conduce y ver que por contestar no le ha pasado nada, nos lleva a pensar que tampoco le ocurrirá nada en el futuro. “El ser humano es muy complejo y llega a conclusiones erróneas que le hacen tomar decisiones equivocadas”, concluye el director del Intras.