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Un tercio de las familias en las que hay un trabajador se han visto obligadas a reducir sus gastos en vestimenta y alimentación
Las tasas de paro se contienen pero la precariedad y temporalidad de los empleos que se crean no permiten a las familias españolas poder cubrir todas sus necesidades. Una de cada diez personas que están trabajando se encuentra en situación de exclusión, mientras que el 52 por ciento de las familias en las que hay un empleo, ese puesto de trabajo no les protege de manera suficiente. Así lo refleja el informe «La vulneración del derecho a un trabajo decente: Empleo y exclusión social», elaborado por la Fundación Foessa y presentado este miércoles por Cáritas Española.
 
Según esta encuesta realizada a más de 11.600 hogares de todas las comunidades autónomas, un tercio de las familias con el sustentador principal del hogar con empleo (36,2%) se han visto obligadas a reducir los gastos en vestimenta, alimentación o suministros básicos de la vivienda (como luz, calefacción, etc) debido a la precarización del empleo. Un 17,1 por ciento de los hogares además han tenido que recurrir a ayudas económicas externas ya sean familiares o de instituciones.
 
Ante esta realidad, el director del Área Social de Cáritas, Francisco Lorenzo, explicó que estos datos demuestran «de que un puesto de trabajo ya no es, como pensábamos, un escudo de inmunización contra la pobreza». Por ello, urgió a «mirar las características del empleo que se crea porque podemos caer en la trampa de que una mejoría en la tasa del paro supone una ausencia total de problemas».
 
 
La cara más amarga, sin embargo, sigue estando entre las personas que, pese a la recuperación económica, no han conseguido reinsertarse en el mercado laboral (1,8 millones de hombres y 1,6 millones de mujeres). Entre esas personas, la tasa de pobreza y exclusión se ha disparado hasta el 46%, ya que el paro, según este estudio de Foessa, multiplica por 2,5 el riesgo de caer en la exclusión. «Hay muchas personas que siguen en el paro por una desempleo estructural elevado. Para muchos hogares, conseguir un puesto de trabajo sigue siendo una meta difícil de alcanzar, pese a que el mercado laboral hoy no asegura poder cubrir las necesidades básicas», alertó Lorenzo.
 
Empleo para uno de cada cinco
En su apuesta por un trabajo digno, Cáritas logró reinsertar el año pasado a través de su programa de empleo a 13.545 personas, esto quiere decir que una de cada cinco personas que pidieron ayuda a esta institución de la Iglesia consiguieron el año pasado volver al mercado laboral. Para la secretaria general de Cáritas, Natalia Peiro, estas cifras demuestran «que es posible desarrollar estrategias de éxito con las personas en situación más vulnerables en un entorno caracterizado por la precariedad y la temporalidad».
 
Cáritas destinó a esta tarea más de74 millones de euros, una de las partidas de mayor volumen, junto al programa de acogida y asistencia, mayores y cooperación internacional. «Cáritas ha invertido 1.800 euros en cada una de las personas que ha conseguido encontrar un trabajo. Una inversión muy pequeña frente al impacto económico que tiene para las administraciones pública la reinserción de las personas en el mercado laboral debido al pago de impuestos y la reducción de las prestaciones. Por eso pedimos a las administraciones una implicación más fuerte en los programas de reinserción laboral», apuntó Lorenzo.